ReflectionSesiones de Seguimiento

Sesiones de Seguimiento- Octubre

Sesiones de Seguimiento- Octubre

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  1. ¿Cómo nos preparamos para responder a la invitación del Señor que sale a nuestro encuentro y para, a nuestra vez, salir al encuentro de otros?
  2. ¿A qué grupos o personas salimos a invitar y a acompañar en el proceso del Encuentro?
  3. ¿Qué nos resultó más difícil, y qué más agradable de esta experiencia?

Iluminar: Mateo 23, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda.” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren, convídenlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.
Jesús siempre invita, e invita a un gran banquete, a una generosa fiesta. Pero a veces buscamos excusas para no acudir, quizá creyendo que el responder luego nos exija alguna acción. O nos pida que salgamos al encuentro de otros, “fuera de nuestra zona de confort.” Y podemos sentir miedo al rechazo. Llegamos a creer que nuestras excusas están justificadas…falta de tiempo, urgencia de hacer otra cosa, malas experiencias pasadas. El llegar a la fiesta, sin embargo, y el llegar acompañados de muchos otros, es algo grande, como indica la visión que se nos presenta en la primera lectura de hoy: festín, consuelo, alegría. La llamada que se nos hace es a estar abiertos, preparados, dispuestos a entrar en esa gran abundancia y hospitalidad de Dios.

 Interiorizando la Palabra

Haz silencio para escuchar la voz de Jesús dentro de tu corazón.
¿Con qué palabras de la lectura te identificas más?
¿Cuál es la invitación que Jesús te hace hoy?

Actuar según la Palabra

  • ¿A qué gran obra y fiesta me he sentido llamado al ser invitado al Encuentro? ¿He tratado a veces de poner excusas?
  • ¿Cómo me puedo preparar para responder a tan gran invitación? ¿Qué tendría que cambiar en mi vida o en mi corazón para hacerlo?
  • ¿Elijo a quién voy a ir a invitar, o dejo que Dios guíe mi camino, aunque las personas con quienes me encuentre sean muy diferentes a mí?

Celebrar

L/ Señor Jesús, gracias por la invitación a tu fiesta.
R/ A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos.
L/ Cuando la invitación me estremezca demasiado y trate de escapar, muéstrame tu fuerza y tu consuelo.
R/ A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos.
L/ Jesús, tú no haces distinciones entre buenos y malos en tu invitación. Ayúdame a salir de mi zona de confort.
R/ A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos.
L/ Abre, Señor, mi corazón a tu llamada y a tu envío, ayúdame a prepararme y a ponerme el “traje de boda” que tú deseas. Danos un corazón agradecido y alegre para mostrar a todos la grandeza de tu hospitalidad. Amén.

Misión – “Primerear”

Si te resulta difícil salir al encuentro de personas desconocidas o distintas, busca la compañía de alguien y prepárate a saludarlos con una sonrisa y con el interés del Dios que los ama como tú no puedes imaginar. No hace falta que hables mucho, sino simplemente que estés y escuches lo que ellos puedan o deseen comunicar.

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